Conozcamos todos acerca de las diferentes imágenes de la virgen en el mundo; como nacen, que representan y que simbolizan.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Virgen de la Caridad del Cobre. La Patrona de Cuba

La presencia de María en Cuba se remonta a la primera comunidad cristiana de origen indio.



Nuestra Señora de la Caridad del Cobre
Continuamos hoy nuestra peregrinación espiritual por los santuarios marianos de América latina. La isla de Cuba fue uno de los primeros lugares del nuevo continente en recibir el Evangelio y a este país nos dirigimos.

La presencia de María en Cuba se remonta a la primera comunidad cristiana de origen indio. En el año de 1509 un soldado español, Sebastián de Ocampo, se enfermó y tuvo que permanecer en la Isla mientras los demás expedicionarios partían de allí. Los indígenas de la región Macaca cuidaron de él y le ayudaron a sanar. Sebastián, en muestra de gratitud, aprendió su lengua y comenzó a explicarles la fe cristiana y a inculcarles un gran cariño y devoción a la Santísima Virgen, por ser la madre de Jesús y también madre nuestra.

La devoción a María continuó extendiéndose y a partir de 1612 tomó un nuevo impulso gracias una bella imagen que apareció de modo misterioso en el mar. La historia está recogida en un documento oficial de 1687, gracias al testimonio de Juan Moreno, un esclavo negro que estuvo presente en el hallazgo de la imagen cuando tenía 10 años:

"... estando una mañana la mar en calma salieron de dicho cayo francés para la dicha salina, antes de salir el sol, los dichos Juan y Rodrigo Hoyos y este declarante. Embarcados en una canoa y apartados de dicho cayo francés vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua, que no distinguieron lo que podría ser, y acercándose más les pareció pájaro y ramas secas. Dijeron dichos indios, parece una niña, y en estos discursos, llegados, reconocieron y vieron la imagen de Ntra. Sra. la Sma. Virgen con un niño Jesús en los brazos sobre una tablilla pequeña, y en dicha tablilla unas letras grandes, las cuales leyó dicho Rodrigo de hoyos, y decían: `Yo soy la Virgen de la Caridad´, siendo sus vestiduras de ropaje se admiraron que no estaban mojadas, y en esto, llenos de gozo y alegría, cogieron sólo tres tercios de sal, se vinieron para el Hato de Barajagua".

Poco después de su hallazgo trasladaron la imagen al pueblo del Cobre donde le construyeron un templo en su honor.



Posteriormente, en 1978, el Papa Pablo VI, reconociendo la presencia de la Virgen de la Caridad en la vida y los corazones del pueblo cubano, quiso conceder al santuario el título de Basílica.

Yo creo que María eligió este nombre para recordarnos que el mandamiento más importante es el de la caridad, el del amor. Y que por ello debemos esforzarnos para que en nuestro corazón haya una tablilla que diga con letras muy grandes: yo soy el hombre, la mujer, el joven, el niño o el adulto de la caridad, del amor.

La Virgen de la Caridad del Cobre fue coronada por S.S. Juan Pablo II como Reina y Patrona de Cuba el 24 de enero de 1998, durante la Santa Misa que celebró en su visita apostólica a Santiago de Cuba.


A continuación un breve video sobre esta virgencita:

La Virgen de los Reyes

Algunas fuentes, entre las que podemos citar al propio Lope de Vega en su obra La Virgen de los Reyes (1622), se inclinan por la hipótesis de que la imagen fue, en realidad, una donación a San Fernando de su primo Luis IX, rey de Francia, hecho que parece apoyarse en las antiquísimas zapatillas que calza la Virgen en las que se puede observar la flor de lis bordada, emblema de la Casa Real gala.

Otros autores, sin embargo, se hacen eco en sus escritos de una tradición legendaria, extendida por toda Andalucía, que atribuye a manos angelicales la realización de la escultura de la Virgen.

Se puede leer en algunas leyendas sevillanas:

"Estando el rey San Fernando en su campamento de Tablada, durante el cerco de Sevilla, poco antes de conquistarla, le ocurrió cierta noche quedarse en su tienda de campaña rezando. Mediada su oración se adormeció y tuvo una milagrosa visión en la que se le apareció la Virgen, en figura de una imagen muy lindamente labrada, con su Niño en brazos, y le decía:

Fernando, por tu gran piedad, yo te prometo que habrás de conquistar a Sevilla.

Al despertar llamó el rey a su capellán, que era el obispo don Remondo o Raimundo, y le manifesó la visión que había tenido. Pasado poco tiempo se cumplió el celestial aviso, y San Fernando pudo entrar victorioso en la ciudad.

Cierto día llegaron ante el Alcázar tres jóvenes vestidos con el traje que solían llevar los peregrinos alemanes y pidieron ser recibidos por el monarca. Preguntóles Don Fernando qué deseaban y ellos le dijeron:

Señor, somos tres compañeros escultores que hacemos nuestro viaje de 'wanderschaft' o viaje de perfeccionamiento de nuestro arte.

Ofrecióles don Fernando cuantas facilidades quisieran para su aprendizaje, y entonces replicaron agradecidos:

Señor, en pago de vuestra acogida generosa, os queríamos hacer algún regalo. Si nos lo permitís labraríamos para vuestra capilla alguna imagen de la Virgen.

Aceptó el rey el ofrecimiento, y así procedieron encerrándose sin que nadie los molestara.

Al cabo de varias horas una criada movida por la curiosidad miró por la cerradura y vió que los tres extranjeros no estaban trabajando, sino arrodillados cantando dulces plegarias en medio de un gran resplandor, y acudió a comunicarlo al rey.

Quiso don Fernando comprobar por sí mismo tan extraña conducta de sus huéspedes y se acercó a la puerta para observar. Entonces reparó en algo que no había visto la criada: sobre la mesa que se les había dado para trabajar, tenían ya hecha y terminada una primorosa imagen de la Virgen, que era exactamente la que el rey había visto en su sueño.

Tembloroso de emoción don Fernando abrió la puerta y al entrar le cegó el resplandor de una inmensa luz. La Virgen sonreía frente a él y los tres jóvenes escultores habían desaparecido milagrosamente, sin que hubiese otra puerta por donde hubieran salido.

Comprendió entonces san Fernando que los tres mancebos eran ángeles y que le habían dejado allí la imagen de la Virgen como un regalo del cielo.

Consultado el caso con el obispo don Remondo lo declaró por verdadero y cierto milagro, y ordenó que se colocase la prodigiosa imagen en la capilla del Álcazar.

Esta virgen más adelante se convirtió en el ícono religioso de otros lugares distintos a Sevilla, pero eso es otra historia que trataremos más adelante.


En Sevilla las tradicionales procesiones ocupan gran parte de las costumbres y los corazones de los sevillanos. Su devoción es verdaderamente admirable. He aquí un ejemplo: